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Victoriosos

Carlos Arturo FIGUEROA BALAM

(26112005) “Por más que se diga y por más que se haga” El año sólo tiene 365 días y tenemos la costumbre romana de dividirlo en meses de 30 o 31 días y uno solo de 29 y que cada 4 años se convierte en el mes de 28 días. Son 365 días que tarda la tierra darle una vuelta completa al sol y mismos días que nos marcan a nosotros las fechas. 365 días ni uno más por cada año.

Cada día nos significa algo. Nuestro nacimiento. Nuestra muerte. La batalla ganada o la disciplina perdida. La historia es fiel a las fechas y de ellas escribimos las nuestras esperando sean memorables para alguien, principalmente, para nuestra familia y amigos. Por ellas, por la fechas, nos aseguramos no olvidar asuntos que nos hicieron ser mejores o peores a la vista de los demás. Las indicamos de manera frenética en nuestra época y las empezamos a separar conforme las recibimos de quienes nos antecedieron. Lo que fue importante para ellos no lo es tanto para nosotros y así, por generaciones, se van perdiendo fechas y asuntos que los convertimos en intrascendentes y poco memorables.

Sólo los acontecimientos que involucran a miles o millones los recordamos. Sólo los hechos que consideramos sustento de nuestra actual permanencia los hacemos crecer y nos avocamos a perpetuarlos. La historia la escriben quienes permanecen el régimen que gobierna. La historia, dicen los que saben, es asunto público y su consideración al colectivo es asunto privado. Poco sabemos que sucedió con los que perdieron la batalla o quienes fueron derrotados en lídes democráticas. Esa parte de la historia la olvidamos o nos la hacen olvidar los mecanismos culturizantes del Estado. Se recuerda sólo lo importante para quienes ejercen el monopolio de la historia. Se escribe y se difunde el sustento dizque histórico de los grupos que orientan sus esfuerzos en perpetuarse para seguir monopolizando a la misma historia.

Por épocas los seres humanos han aprendido a deshacerse de las otras historias que no benefician a su Status Quo. Queman libros. Desaparecen autores. Borran todo rasgo de disidencia escrita para no dejar rastro de pensamientos ajenos a su propio entendimiento. No crea usted que esto sólo sucedía hace miles de años. No crea que tan sólo fueron los siglos oscuros del medioevo. En pleno siglo XX, por ejemplo, los Khmer Rouge en Camboya y Laos, asesinaron a todo aquel hombre o mujer mayor de 30 años que se oponía, callada o abiertamente, al régimen que estos imbéciles trataban de imponer. En Afganistán el islamismo extremista obligaba a todo aquel profesor o catedrático a “olvidar” el sustento científico de sus ideas. Se cerraron escuelas y universidades con tal que no se tuviera contacto con el positivismo comtiano. Ni que decir de otras teorías del pensamiento ni mucho menos otras religiones. Lo que es bueno para unos no necesariamente es bueno para todos. Millones en el mundo aún no lo creen y cual cruzados combaten la diferencia de opiniones con la fuerza de las armas y el vil asesinato de inocentes alrededor del mundo.

Bien dicen que el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla. Pues bien, somos muy olvidadizos. Hemos construido cientos de mitos con tal de mantener el estilo y forma de vida, olvidándonos que lo bueno para nosotros no es bueno para casi nadie. A la historia se le conoce por dos lados. Ganadores y perdedores. Victoriosos y vencidos. Depende en que parte uno este para hablar de ella y opinar de ella y tratar, unos de perpetuarla y otros de cambiarla. Dos lados que se convierten en miles, quizá, millones de lados donde cada uno tendrá necesariamente las herramientas suficientes para justificarse y en el mejor de los casos explicarse. El lado más peligroso de la historia es aquel que da por bueno lo malo. Que justifica maldades y destroza bondades. Ese lado que se escribe por dinero y efímera posición de clase. Ese lado oscuro que habita detrás de la palabra y el hecho verdadero. Esa es la historia que no vale. Esa es la historia que no sirve pero que muchos utilizan para viles y oscuros fines, creyendo que son inmortales y que por ser ellos quienes la escriben se creen hasta intocables por el juicio de la misma historia que tratan de desvirtuar.

La historia es bondadosa y a la vez indiferente y ruda. Hoy en día es más difícil que datos y fechas se olviden. Hemos creado una biblioteca de proporciones gigantescas. Le llamamos Internet y en esa gran biblioteca encontramos de todo y prácticamente todo. No existe un dueño de la misma. La humanidad es la única poseedora de su propio devenir y esa herramienta, la Internet, hasta hoy no existe quien la controle del todo. Engañar a la historia, hoy es casi imposible. Cada pueblo tiene la historia que se merece y si no me cree usted, ya sus hijos o sus nietos confirmaran mi dicho. A saber.

ANTES DEL OLVIDO

UN mexicano es prácticamente el nuevo Secretario General de la poderosa e influyente OCDE, José Ángel Gurria Treviño. MARCADOR hasta hoy previo a las elecciones Zedillo 2. Salinas 0. NO cabe duda que Dios existe. Ya criados los cuervos y andando uno ciego vienen los zopilotes.

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